domingo, 11 de enero de 2026

Con Sentido

 



Poco a poco vamos leyendo avances de temporada, en los que tras la atípica situación que ha creado la ausencia de Morante (¿no habíamos quedado en que quien tiraba del carro de taquilla era Roca Rey?) las mentes empresariales parecen aferrarse a la manida fórmula del más de lo mismo, sin importarles lo más mínimo ni el futuro de todo este tinglado, ni el presente, ni el pasado. Se trata de hacer caja, lo demás, que por cierto es el toreo, no importa.

Pensaba este iluso que por una ley natural, tanto los que empiezan y destacan como los que demuestran año tras año que merece la pena seguir vistiendo el traje de luces, no por pagar los gastos de la finca, sino por honrar la profesión y por seguir ofreciendo toreo al respetable, acabarían por abrirse un hueco en un entramado que a día de hoy sigue prefiriendo mirar para otro lado y dejar que la gallina de los huevos de oro agonice (porque esto es pan para hoy y hambre para mañana) antes  de arriesgar un ápice y apostar por nuevas fórmulas y lo digo en plural, porque muchas veces con una tarde para lavar la imagen y dar la sensación de que se apuesta por la calidad y por el futuro, no basta.

Cuando les interesa que un torero funcione, nos hartamos de verlo anunciado, conscientes muchos de nosotros, de lo que verdaderamente hay detrás. Siempre será alguien a quien el sistema pueda explotar a su gusto, plegado a sus exigencias económicas (paradoja, no las del protagonista, sino las del propio sistema) y que en un momento dado, sea prescindible y nadie lo eche de menos.

¿Qué ocurre con los que potencialmente podrían mandar en el toreo? pues sencillamente, no interesan porque peligra parte de sus beneficios. Imaginen el estacazo monetario que  le daría Morante a la empresa en el improbable caso (esperemos) de que dijera sí a Sevilla y ahora, imaginen a tres o cuatro toreros que fuesen tan imprescindibles como él, pidiendo lo mismo..., pues eso es lo que bajo ningún concepto les interesa. Ellos quieren seguir jugando su juego, con sus cartas, tanto en grandes ferias como en las pequeñas y mientras esto siga así y los carteles de toreros sin ilusión y los  "mano a mano" sin sentido sigan copando todos los puestos, a nosotros, humildes y sufridores aficionados, no nos quedará otro remedio que rebuscar entre la cartelería y rescatar lo poco que verdaderamente nos provoque interés.

Ayer precisamente y en tierras Salmantinas, pudimos disfrutar de un claro ejemplo de lo que he explicado: Un Urdiales que a pesar del tiempo no cesa en la evolución de su toreo, cada día más profundo, cada día más reposado y cada día más auténtico y un Alejandro Marcos que continúa embelesando con un capote que recuerda a tauromaquias añejas que provienen del sur y que le va a dar muchísimas satisfacciones en los momentos en que los toros le permitan el cite en esa forma tan personal y con una zurda inmensamente profunda y suave. En el Cubo de Don Sancho, ayer todo tenía sentido, todo tenía un porqué y el desafío entre Diego y Alejandro consistía en saber cuál de los dos podía torear con más hondura y más despacio.

Las fotos son de Carmelo Bayo, recién llegado de una trinchera cavada por la División Azul y ataviado con un abrigo robado a un soldado ruso que abandonó la prenda subyugado por el olor de un maravilloso cocido.







miércoles, 5 de noviembre de 2025

sábado, 1 de noviembre de 2025

Lo viejo



Si uno se pone a pensar, ejercicio que de vez en cuando conviene llevar a la práctica, una misma expresión puede tener significados antagónicos:

Algo viejo puede ser inservible, puede estar roto, estropeado, sucio, descompuesto, pasado de moda, rancio, andrajoso, desaliñado...

Pero algo viejo también puede ser muy valioso.

De un tiempo, escaso, a esta parte, las redes sociales están poniendo en valor, más si cabe, todo aquello y a todos aquellos que son, o han sido el fundamento y la esencia del toreo.

Muchos aficionados, sobre todo jóvenes, descubrieron a Curro Vázquez en el festival homenaje al Maestro Chenel. Y si analizamos lo que ocurrió aquel día, lo podríamos resumir en dos palabras: naturalidad y torería. Frascuelo o el propio Curro son viejos, indudable e innegable, pero cómo llenaron cada milímetro de ese ruedo cuando rompió el paseillo. El resto, incluido el maestro Rincón que calza ya sesenta tacos, digamos que sólo son mayores, aunque a los ojos de algún neófito venteño sean también reliquias.

En el toreo siempre hemos vivido del pasado, sobre todo cuando poco a poco nos vamos haciendo veteranos y aprendemos a distinguir el oro de la paja. Idolatro (aquí ya lo he dejado escrito más de una vez) a Pepín Martín Vázquez, a Rafael el Gallo, a Juan Belmonte y aunque a regañadientes, también a José y a Curro y al Maestro Paula y a Mondeño y al Viti y a Camino... y a unos cuantos más que no nombro por no cansar. Y precisamente por esa adoración, sigo buscando en el presente esas gotitas de lo viejo, de lo que engancha, de lo que recuerda qué es el toreo.

Esta foto que he subido y que estos días andaba pululando por las redes sociales, ha sido la que ha inspirado estas líneas. El paralelismo entre el flamenco y el toreo es más que patente, pero no por lo tópico: cantar por Mairena o por Caracol no tendría sentido si el intérprete no aporta su corazón en el envite y lo mismo ocurre en el toreo. Rancapino Chico no es su padre, ni lo pretende, lo mismo que Urdiales no pretende ser Romero, pero a los cuatro les une un término que es esquivo para muchos de nosotros: el sentimiento.

Lo viejo siempre estará de moda en el toreo, pero no nos equivoquemos, no es añoranza, es la esencia.





sábado, 11 de octubre de 2025

Y ahora que esto termina...

La foto es del gran fotógrafo de toros, mucho mejor que Miguel, Don Carmelo Bayo, que se está pasando a la fauna iberoasiática
                                                                                                         (Vespa Vetulina)
   La foto es del gran artista multidisciplinar Don Carmelo Bayo, mucho mejor que otros, dónde va a parar.

Reconozco que estoy hecho un lío y tentaciones tengo de preguntarle a Chat-Gpt qué leches me ocurre, para seguir recayendo una y otra vez en la idea de predicar en el desierto del Gobi. Mis alumnos de la Universidad, al menos ponen cara de susto-tedio cuando intento explicarles cómo se ejecuta una sentencia, pero el público que acude a las tertulias taurinas en las que de cuando en vez participo, me mira como pensando: ya está aquí el listo este diciendo barbaridades sobre lo que es el toreo. No doy con la tecla, no sé explicar el misterio del sentimiento.
Al final he sucumbido a la inteligencia artificial y le acabo de preguntar a una muchacha inexistente pero con voz muy agradable, qué coño es el sentimiento. Os transcribo la respuesta:
"El sentimiento es una experiencia subjetiva y duradera, que surge como resultado de una emoción o de una combinación de emociones, pensamientos y percepciones. En otras palabras, es la forma consciente en que vivimos y comprendemos nuestras emociones".
Hablar de uno mismo resulta generalmente petulante, si quien lo hace no tiene un "algo" por detrás que le avale como para que le escuchen y por tanto, contar lo que se siente puede resultar además de petulante, aburrido. Siempre he pensado que la manera de entrarle al personal es preguntarles sobre ellos mismos porque la verdad es que a la gente le gusta contar su vida, pero de ahí a contar lo que sienten va un trecho. 
A medida que voy escribiendo, me voy dando cuenta de que tal vez mi problema en esto del toro es querer que todo el mundo sienta lo que yo siento cuando veo un muletazo lleno de toreo, es más, a lo mejor ni siquiera el toreo es "uno" y lo que para mí es trascendente, para el resto es nimio.
No encuentro otra explicación a nivel de aficionados, a que una de las mayores conmociones de la temporada cual fue la faena de Urdiales en Bilbao, se haya visto recompensada con la nada más absoluta.
A nivel de empresas sí que las hay (explicaciones) y muchas, pero voy a obviar este tema porque de verdad que ya me da grima y pena, escribir sobre un sistema que no premia lo artístico, o lo que el público demanda, o demandaría si al menos le diesen la oportunidad de verlo. 
Por no hablar de Urdiales, toreros como Víctor Hernández, que en San Isidro demostró lo que demostró y el otro día lo refrendó y otros jóvenes como Jarocho o Mario Navas que este año como se dice coloquialmente, no ha visto un pitón, debieran estar en las ferias para propiciar el relevo y para refrescar el toreo, porque ahí subyace el problema.
A uno de los toricantanos de este año que mejor torea y no porque sea amigo, sino porque es así, Fabio Jiménez, le puede llegar el momento, aunque no lo creo, en que por la necesidad de torear, abandone su concepto y se "venda" a eso que se venden muchos de los jóvenes que prometen: a ser meros actores que ofrecen a un público lúdico, aquel espectáculo que quiere ver y a dejar de sentir por tanto, el toreo.
Si quieres ponerte delante de un toro, no sólo  tienes que "aliarte" con el curioso por denominarlo de alguna manera, entramado empresarial que de facto gobierna la tauromaquia, sino que tienes que vender tu alma de torero a un público que pide espectáculo y vivir no sólo del riesgo a que te mate un toro, sino de hacer lo que no sientes, pasándotelo diez veces por la espalda, otras tantas de rodillas y toreando a cien por hora y si no, piensen ustedes en muchos de los jóvenes y de las jóvenes que más han toreado esta temporada.
Describo la situación de los noveles, pero es que hay veteranos a los que el público no ha visto y que torean como los ángeles. Me sabe fatal que a un torero como Fortes, se le haya descubierto tan tarde, pero al menos, cierto es que este año ha toreado y me parece injusto que alguien con la sensibilidad de Rubén Sanz haya tenido que confirmar su alternativa en una concurso, que por cierto le debiera dar crédito suficiente para acartelarse en una docena de plazas con un tipo de toro acorde a su arte y buen gusto.
Y si de toros hablamos, otro tanto de lo mismo: puedo entender que las figuras no salgan de la zona de confort que les retroalimenta: un gran número de corridas con las mismas ganaderías de garantías, más temprano que tarde hace que consigan el favor del público, lo que se traduce en contratos y a su vez en dinero. ¿Pero y el resto? Da la sensación de que no ser ganadero "top" a lo único que te da derecho es a ser un romántico del campo bravo que tiene que alimentar a sus animales por mero altruismo. Y señores, entonemos el "mea culpa" porque en muchas ferias se nos llena la boca pidiendo al menos una corrida de toros que no sea más de lo mismo y después de conseguirla, no vamos, o vamos cuatro. La ecuación manida de si hay toros no hay toreros y viceversa, es una falacia a desterrar. Lo que tenemos que hacer es saber ver toros y saber ver toreros en función del tipo de toro que tienen delante. La gente de Tres Puyazos, tienen un concepto posiblemente antagónico al mío, pero he ido a ver sus  festejos y pienso repetir porque no deja de ser otra oportunidad de sentir, diferente pero también profunda. En definitiva, debe haber toros y toreros para todos..., aunque yo mañana me voy a ver a Curro Vázquez y a volver a ser aquel chaval que disfrutó tanto de su toreo en la Manzanera.
Y también a Morante, por si acaso...

sábado, 23 de agosto de 2025

Diego Urdiales: La vida a veces es tan bonita...




La máxima del título no es mía, es de alguien que seguro que sabe mucho más que yo de toros y de las vueltas que da la vida: Patricia Navarro.

Y es que para vivir, es imprescindible ser feliz de vez en cuando para así poder equilibrar un poquito la balanza de la  Diosa Diké a la que los romanos llamaron Iustitia. 

Estos meses han sido duros de cojones. Ninguno hemos sabido lo que pasaba realmente por la cabeza de Diego, aunque hemos podido imaginarlo, porque cada vez que la esperanza se diluye en una charca oscura e interminable, se empieza a morir un poco.

El toreo no se olvida, como no se puede olvidar a la madre. Está ahí, en las yemas de los dedos, agazapado, esperando a una muchacha esbelta que responde al nombre de ilusión. Llegó hace unos días nada más, pero trae una maleta tan cargada, que lejos de pesar, parece que flota. 

Y se quedará con él hasta que él quiera.